Este Mundial 2026 lo estamos viendo en modo espectador neutral: sin la Roja en cancha, uno queda libre para fijarse en otras cosas. Y hay un detalle que se repite partido tras partido, sin importar la selección: los pies.
No la pelota, no la camiseta. Los pies. Hay una probabilidad altísima de que, sin importar el equipo, la posición o la marca, te encuentres con exactamente lo mismo: zapatos de fútbol rosados. Fucsia, magenta, electric pink, como le quieras decir. Pero rosado.
Y acá está lo entretenido: nadie se puso de acuerdo. No hubo campaña conjunta, no fue exigencia de la FIFA, no es cábala. Nike, Adidas, Puma, New Balance y hasta Skechers llegaron por su cuenta (cada una con su propio equipo, su propio brief y su propia justificación) al mismísimo color. ¿El resultado? Un Mundial entero teñido de rosado y una de las paradojas de marketing más sabrosas que nos ha dejado esta Copa del Mundo.
Spoiler: la jugada que cada marca diseñó para destacar terminó dejándolas a todas igualitas. Y ahí hay harto que aprender.
Primero lo primero: ¿por qué rosado?
Para entender el fenómeno hay que mirar dónde vive realmente la marca dentro de la cancha. La camiseta de la selección está amarrada al contrato de la federación: ese espacio no se toca. Entonces, ¿qué le queda al jugador para exhibir a su patrocinador personal? Los pies. El zapato de fútbol es una de las pocas vitrinas individuales que un futbolista tiene durante el evento con mayor audiencia del planeta.
Y si vas a competir por esa atención, el dato manda. El rosado ofrece uno de los contrastes más altos contra el verde del pasto, lo que dispara la visibilidad en transmisiones en HD, replays, recortes para redes y fotos de prensa. Suma un detalle no menor: ninguna de las 48 selecciones de este Mundial usa el rosado como color dominante en su camiseta. Cancha libre.
Odinga Nimako, del equipo global de desarrollo de zapatos de fútbol de Nike, lo explicó en The Athletic: la idea era que el zapato resaltara respecto al uniforme, y los propios jugadores venían pidiendo colores más vibrantes porque, según ellos, en los momentos decisivos les dan confianza. O sea: en la economía de la atención, un zapato de fútbol ya no necesita verse bien solo en la cancha. Tiene que funcionar en la foto, en el clip de 15 segundos y en la pantalla del celular. La visibilidad se volvió un activo carísimo, y el color es la herramienta más barata para conseguirla.
El detalle que se volvió viral: la trampa de la “commodity creativa”
El fenómeno saltó de la cancha a las redes cuando varios marketeros empezaron a notarlo, entre ellos João Branco, ex-VP de Marketing de McDonald’s Brasil, cuyo posteo encendió la conversación (y, de paso, inspiró esta nota). La ironía que todos señalaban era la misma: el plan era llamar la atención hacia la marca, pero la jugada terminó llamando la atención hacia el color. El Mundial entero quedó rosado.
Y eso tiene nombre técnico: commodity creativa. Ocurre cuando productos que nacieron para diferenciarse empiezan a seguir los mismos patrones visuales que la competencia y, sin darse cuenta, erosionan justo aquello que los hacía exclusivos. Esa es la paradoja de fondo de todo este Mundial rosado: cuando la diferenciación se vuelve la norma, deja de diferenciar. Lo que iba a ser la seña de identidad de cada marca terminó convertido en el color genérico de la categoría.
Hay una forma golosa de entenderlo. Imagina que la Pascua ocurriera una sola vez cada cuatro años y que todos los informes de tendencias coincidieran en que el pistacho es el sabor del momento: sería de lo más natural que media industria lanzara huevos de pistacho a la vez — no por copiarse, sino por leer el mismo mapa. El rosado, en este Mundial, fue el pistacho: la apuesta segura que todas vieron venir al mismo tiempo.
Cómo terminan todas en el mismo lugar (sin copiarse)
Acá está la parte que de verdad importa para quienes trabajamos en esto: la convergencia ocurrió sin colusión. Nadie copió a nadie. Simplemente todas leyeron la misma señal cultural… y muchas veces el mismo informe.
Buena parte de la industria del calzado deportivo se alimenta de las mismas agencias de pronóstico de tendencias y, cada vez más, de las mismas herramientas de IA para rastrear hacia dónde va el deseo. Si todas parten del mismo diagnóstico, no sorprende que lleguen a la misma respuesta.
Hay un factor extra que aprieta la coincidencia: el Mundial es la vitrina máxima, pero ocurre una vez cada cuatro años. Eso obliga a las marcas a concentrar sus fichas en pocos “productos héroe”, esos modelos que cargan el mensaje tecnológico y de marca de toda la temporada. Cuando todas apuestan fuerte a un solo producto estrella, leyendo los mismos datos, la convergencia deja de ser casualidad y pasa a ser casi inevitable.
El plot twist: la “falla” que terminó siendo negocio
Y acá viene lo bueno. Porque sí, como jugada de diferenciación la cosa salió al revés: en lugar de resaltar cada marca, se camuflaron entre ellas. Pero la categoría completa salió ganando.
Centauro, una de las grandes cadenas de retail deportivo de Brasil, reportó un alza de casi 50% en la venta de zapatos de fútbol rosados desde que arrancó el Mundial. ¿La razón? Ver a decenas de los mejores jugadores del mundo con el mismo tono creó una asociación poderosísima: los cracks usan rosado. Sin querer, las marcas fabricaron juntas una señal de estatus que ninguna habría logrado sola.
Branco lo cierra fino: ahora la pregunta del consumidor ya no es qué color comprar, sino qué marca. Y ahí el trabajo de marketing se da vuelta entero: el desafío pasa a ser convencerte de que este rosado es distinto de los demás, sea por tecnología, por actitud o por la historia que lo rodea.
¿Y qué nos llevamos de todo esto?
El zapato de fútbol rosado es una parábola perfecta de la economía de la atención. Cuando todos optimizan para la misma métrica (contraste sobre el verde, visibilidad en pantalla) con los mismos datos y los mismos informes de tendencia, todos aterrizan en el mismo punto. Y la diferenciación se evapora justo donde se suponía que iba a aparecer.
La moraleja no es “no sigas tendencias”. Es que la tendencia, el color, el formato, el pistacho de turno, es el ticket de entrada a la conversación, no lo que la gana. La diferenciación real nunca iba a vivir en el tono del rosado. Vive en la historia que construyes alrededor.
Hay un clásico del marketing sobre no competir en el océano rojo lleno de tiburones. Bueno, este Mundial nos regaló un estreno: el océano rosado, y todas se tiraron al agua al mismo tiempo. La marca que gane este Mundial fuera de la cancha no va a ser la del zapato de fútbol más rosado. Va a ser la que nos dé una razón para acordarnos de en qué pie estaba.
Y ya que la Roja no nos dio de qué hablar este Mundial, al menos el marketing sí.
Fuentes
[1] Exame — “Especialistas explicam como a chuteira rosa virou o ‘pistache’ do marketing esportivo”
[2] SAPO — “Por que tantos jogadores usam chuteiras rosas na Copa do Mundo de 2026”
[3] The Athletic / The New York Times — “Por que tantas chuteiras cor de rosa na Copa do Mundo 2026”, vía Portal Jornal do Norte
[4] ND Mais — “Chuteiras rosas na Copa: entenda a nova tendência”
[5] CNN Brasil — “Chuteiras rosas dominam a Copa do Mundo”
[6] Posteo original de João Branco (@falajoaobranco) en Instagram